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Según exponen los datos, el 45% de los delitos de odio se producen en Internet y, en concreto, un 25% se registran en las redes sociales, sobre todo por ideología y razón de sexo y género, según la secretaria de Estado de Seguridad, Ana Botella. Estos delitos comprenden, además, motivos racistas, antisemitas u otros referentes e ideología, religión o creencias, orientación sexual, enfermedad o discapacidad y otros hechos discriminatorios. Así, los datos de la Fiscalía señalan, por otro lado, al racismo y xenofobia, seguidos de orientación e identidad sexual y orientación política; aporofobia y discriminación por discapacidad los principales delitos que se producen por Internet.

Así, son muchas las organizaciones públicas y privadas, locales, regionales, nacionales e internacionales que están reaccionando ante este (relativamente) nuevo fenómeno que se ampara en una estructura de comunicación que permite, entre otras cosas, el anonimato a la hora de acosar a personas a través de Internet. Los gigantes digitales, multinacionales de compra-venta de datos a escala global, dan ligeros y templados pasos hacia la regulación de estas prácticas. Botones de denuncia en las redes sociales, veto a ciertos contenidos… Claramente insuficiente.

Y el debate continúa entre los expertos. ¿Hay que responder en las redes a los ataques xenófobos, racistas, al odio, en todas sus dimensiones? ¿Hay que ignorarlo puesto que la respuesta genera más y más impacto en estas redes sociales? ¿Qué manera es la más idónea para enfrentarse a este fenómeno?

Son muchas las iniciativas que han surgido para luchar contra los delitos de odio tanto en la red como en la vida real, aquí dejamos algunas: