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El espacio Málaga Solidaria de La Opinión de Málaga, que compartimos con Cruz Roja Málaga, Málaga Acoge y Arrabal, recogió el pasado sábado ( 11 de Agosto de 2018) el artículo de opinión del equipo educativo de Prodiversa-Progreso y Diversidad en Palma-Palmilla formado por Juan Antonio Mancera Ruiz, Ana Benítez, Ana Belén González, Jessica Jiménez. Puede consultar el artículo original aquí.

¿Es posible que en un ámbito marcado por los estereotipos de exclusión, de marginación y violencia proliferen sentimientos de amor, amistad, compañerismo, empatía, inclusión y respeto? Sí, eso es y ha sido posible en las Colonias Urbanas de Palma-Palmilla impulsadas por el programa de Caixa Proinfancia de la Obra Social «la Caixa».

Durante varios años, desde Prodiversa-Progreso y Diversidad, se trabaja ayudando a estas personas a su desarrollo e integración en su ámbito escolar y social. Esto se traduce en veranos llenos de color a partir de final de junio, cuando comienza nuestra gran aventura, siempre en torno a una temática distinta.

 Este año hemos «vestido» nuestras aulas de ciudades y paisajes sostenibles e idílicos, de un mundo donde los niños y niñas visualizan su futuro. El patrón principal de este proyecto nace en el interior de cada persona, que plasma sus inquietudes y preocupaciones de cara a forjar su vida adulta.
 Os preguntaréis como son esas ciudades, ¿no? Pues bien, tenemos tiendas ecológicas, aeropuertos sostenibles con aviones eléctricos, carreteras con materiales reutilizados o granjas donde los animales no son explotados. Un puerto donde en sus aguas no cabe la contaminación y unos frondosos bosques que son hogar para muchos animales.

Pero no solo trabajamos en las aulas sino que son muchas las excursiones y actividades que iluminan y amenizan estos veranos y con las que todas disfrutamos. La playa, el Aquavelis, la Cueva del Tesoro, el cine, la protectora de animales o viajes en barco. Son muchas las habilidades que se trabajan y las vivencias que se adquieren para afianzar sus personalidades.

Surgen enfrentamientos, claro, pero no más allá de meros mal entendidos entre niños y niñas de este barrio humilde, que nos ayudan a aprender a dialogar, intercambiar, debatir, analizar y desarrollar la empatía. Pero sobre todo aprendemos a amar y respetar. Esto es lo mejor que nos llevamos Ana Benítez, Ana Belén González, Jessica Jiménez y yo a casa y hace que vengamos cada día con ganas y con nuestra mejor actitud. Son muchas las emociones que se ponen  en juego y con las que aprendemos a expresar nuestros sentimientos y a llorar de alegría.

Y es que no son los niños y niñas los únicos que aprenden. Nosotras también podemos presumir de llevarnos vivencias reconfortantes cargadas de emociones. Experiencias que nos animan a seguir vistiendo de color y vida nuestras aulas, que cada día nos hacen estar más convencidas de que sí, es posible que en un ámbito marcado por los estereotipos de exclusión, la marginación y la violencia prolifere el amor, la amistad y el respeto.